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Cum Maria contemplemur Christi vultum!
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Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia. Virgen del Adviento, Esperanza nuestra, de Jesús la aurora, del Cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar Estrella, llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena, del Señor la esclava, del mundo la Reina. Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amen!
Juan Pablo II

"Ofrezco a los hombres un Recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese Recipiente es esta Imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFÍO" (Diario, 327)
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Edición 327
ADVIENTO
Domingo de la 1ra semana
2 de diciembre de 2007
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TOTUS TUUS
Soy todo tuyo y todas mis cosas Te pertenecen. Te pongo al centro de mi vida. Dame tu Corazón, oh María.
Soy todo tuyo, María Madre de nuestro Redentor Virgen Madre de Dios, Virgen piadosa. Madre del Salvador del mundo. Amen.



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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa


27 de noviembre
Entre las medallas marianas destaca, por su extraordinaria difusión, la denominada "Medalla Milagrosa". Tuvo su origen en las apariciones de la Virgen María, en 1830, a una humilde novicia de las Hijas de la Caridad, la futura Santa Catalina Labouré. La medalla, acuñada conforme a las indicaciones de la Virgen a la Santa, ha sido llamada "microcosmos mariano" a causa de su rico simbolismo: recuerda el misterio de la Redención, el amor del Corazón de Cristo y del Corazón doloroso de Maria, la función mediadora de la Virgen, el misterio de la Iglesia, la relación entre la tierra y el cielo, entre la vida temporal y la vida eterna. Alrededor se lee:
"Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Tí".
Oh Dios Padre Misericordioso, que por mediación de Jesucristo, nuestro Redentor, y de su Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la acción del Espíritu Santo, concediste a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, la gracia de ser Pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia peregrina, de los hijos e hijas de la Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, haz que yo sepa también responder con fidelidad a las exigencias de la vocación cristiana, convirtiendo todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte y de servir al Reino de Jesucristo. Te ruego que te dignes glorificar a tu Siervo Juan Pablo II, Servus Servorum Dei, y que me concedas por su intercesión el favor que te pido... (pídase). A Tí, Padre Omnipotente, origen del cosmos y del hombre, por Cristo, el que vive, Señor del tiempo y de la historia, en el Espíritu Santo que santifica el universo, alabanza, honor y gloria ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
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EL CULTO A LA VIRGEN MARÍA EN LA LITURGIA
"...Durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen —aparte la Solemnidad del día 8 de diciembre, en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga —, sobre todos los días feriales del 17 al 24 de diciembre y, más concretamente, el domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces proféticas sobre la Virgen Madre y el Mesías , y se leen episodios evangélicos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor..." (Pablo VI, Marialis Cultus, 4)
"...De este modo, los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, "vigilantes en la oración y... jubilosos en la alabanza", para salir al encuentro del Salvador que viene. Queremos, además, observar cómo en la Liturgia de Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo. Resulta así que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes..." (Pablo VI, Marialis Cultus, 5) . |
Queridos Suscriptores de "El Camino de María"
Comienza el Adviento, que es tiempo de preparación interior para el encuentro con el Señor. Por tanto, dispongamos nuestro espíritu para emprender con alegría y decisión esta peregrinación espiritual que nos llevará a la celebración de la Navidad.
Comienza el nuevo año litúrgico: cada año, en efecto, empezando desde el primer domingo de Adviento, la Iglesia, a través del ciclo de domingos y fiestas, procura hacernos partícipes de la obra salvífica de Dios en la historia del hombre, de la humanidad y del mundo. Precisamente por este "adviento", que quiere decir "venida", Dios viene al hombre, y ésta es una dimensión fundamental de nuestra fe. Nosotros vivimos nuestra fe cuando estamos abiertos a la venida de Dios, cuando perseveramos en el Adviento.
Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las Novenas de la Inmaculada y de la Navidad.
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El Santo Padre Benedicto XVI, hizo la siguiente meditación antes del rezo del Ángelus del Domingo 3 de diciembre de 2006:
¡Queridos hermanos y hermanas!
...En Adviento, la liturgia nos repite con frecuencia y nos asegura, como queriendo derrotar nuestra desconfianza, que Dios «viene»: viene para estar con nosotros, en cada una de nuestras situaciones; viene para vivir entre nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a llenar las distancias que nos dividen y separan; viene a reconciliarnos con Él y entre nosotros. Viene en la historia de la humanidad para tocar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para ofrecer a los individuos, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz.
Por este motivo, el Adviento es por excelencia el tiempo de la esperanza, en el que los creyentes en Cristo están invitados a permanecer en espera vigilante y activa, alimentada por la oración y por el compromiso concreto del amor. ¡Que el acercarse de la Navidad de Cristo llene los corazones de todos los cristianos de alegría, de serenidad y de paz!
Para vivir de manera más auténtica y fructuosa este período de Adviento, la liturgia nos exhorta a mirar a María Santísima y a ponernos en camino espiritualmente junto a ella hacia la gruta de Belén. Cuando Dios tocó a la puerta de su juventud, Ella le acogió con fe y con amor. Dentro de unos días, la contemplaremos en el luminoso misterio de su Inmaculada Concepción. Dejémonos atraer por su belleza, reflejo de la gloria divina, para que «el Dios que viene» encuentre en cada uno de nosotros un corazón bueno y abierto, que Él pueda llenar con sus dones.
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La Solemnidad de la Inmaculada, que celebraremos el próximo 8 de Diciembre, da lugar a muchas manifestaciones de piedad popular, cuya expresión principal es la Novena de la Inmaculada. No hay duda de que el contenido de la fiesta de la Concepción purísima y sin mancha de María, en cuanto preparación frontal al nacimiento de Jesús, se armoniza bien con algunos temas principales del Adviento: nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento, empleados también en la Liturgia del Adviento.
Como un aporte para ayudar a nuestras meditaciones de los Domingos de Adviento y de los días de la Novena de la Inmaculada, hemos preparado un libro digital titulado: LA VIRGEN MARÍA Y EL ADVIENTO. El contenido es el siguiente:
ADVIENTO TIEMPO DE PREPARACIÓN
I - EL ADVIENTO II - LA REALIDAD DEL HOMBRE III - PORQUÉ VIENE EL SEÑOR IV - EL SEÑOR ESTÁ CERCA
NOVENA DE LA INMACULADA
I - MARÍA MADRE DE DIOS II - MARÍA MADRE DE LA IGLESIA III - MARÍA REINA DE LOS APÓSTOLES IV - MARÍA MODELO Y GUÍA DE FE V - MARÍA MADRE DE MISERICORDIA VI - MARÍA VIRGEN FIEL, "VIRGO FIDELIS" VII - MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS VIII - MARÍA REINA DEL SANTO ROSARIO IX- MARÍA MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA
I - LA INMACULADA CONCEPCIÓN II - MARÍA INMACULADA REDIMIDA POR PRESERVACIÓN III - EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN IV -150 AÑOS DE LA PROCLAMACIÓN DEL DOGMA V - HOMENAJE A LA INMACULADA EN LA PLAZA DE ESPAÑA
Le invitamos a descargar a su computadora el libro digital desde la siguiente dirección de nuestro sitio Virgo Fidelis:
http://virgofidelis.com.ar/paFileDB/pafiledb.php?action=file&id=26
Recurramos confiadamente María Santísima, Mujer Eucarística y Virgen del Adviento en todos los momentos de nuestra vida porque es nuestra Madre, conoce nuestras necesidades mejor que nosotros, y es tan poderosa con su Hijo Jesús que tiene su Omnipotencia en sus manos. Roguémosle, por lo tanto, que hable a Jesucristo en favor nuestro, con la Oración de la Santa Misa de la festividad de María Mediadora: "Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor, de decirle cosas buenas de mí." Pidámosle también que nos ayude a disponernos para acoger con alegría a Cristo que viene, y a celebrar dignamente la presencia sacramental del misterio eucarístico.
Marisa y Eduardo
ALABANZAS A MARÍA SANTÍSIMA, VIRGEN DEL ADVIENTO ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purismo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros candidísimos labios, que con gozo inexplicable imprimieron tiernos besos en el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendita vuestra lengua angelical, que sin cesar alabó y llamó hijo querido al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría. | |
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